La ciencia del silencio: reflexiones sobre la mente humana

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En plena era del ruido y la hiperestimulación, la ciencia ha empezado a tomarse el silencio en serio. Qué revelan la neurociencia y las tradiciones contemplativas sobre la mente, el yo y el bienestar.

¿Puede el silencio transmitirnos lecciones sobre la consciencia? La pregunta reunirá los próximos 26 y 27 de junio en Gran Canaria a maestros de meditación, filósofos, neurocientíficos, psicólogos y divulgadores en el II Encuentro Anual de Espiritualidad y Neurociencia, dedicado este año a la temática «Paz y silencio». Lejos de constituir una inquietud exclusivamente espiritual, la cuestión ocupa hoy a un número creciente de investigadores que exploran las relaciones entre prácticas contemplativas, estados no ordinarios de consciencia y bienestar psicológico.

En una época marcada por la hiperestimulación, la aceleración permanente y la fragmentación de la atención, el interés por el silencio resulta más urgente que nunca. De hecho, tanto la investigación científica como diversas tradiciones contemplativas coinciden en señalar que la capacidad de observar la propia experiencia con atención y profundidad desempeña un papel fundamental en la salud mental y en la construcción de significado.

Desde tiempos inmemoriales, monasterios, escuelas filosóficas y tradiciones espirituales de distintas culturas han dedicado enormes esfuerzos a comprender qué ocurre cuando la mente deja de perseguir incesantemente pensamientos, recuerdos y expectativas. En las últimas décadas, la neurociencia ha comenzado a aproximarse a algunas de esas mismas preguntas desde un lenguaje diferente: el de la imagen cerebral, la psicología experimental y el estudio de los estados no ordinarios de consciencia.

Cuando el cerebro deja de hablar de sí mismo

Uno de los hallazgos más influyentes de la neurociencia contemporánea gira en torno a la denominada «red neuronal por defecto» (default mode network o DMN), un conjunto de regiones cerebrales que incrementa su actividad cuando la atención no se orienta hacia una tarea concreta y la mente deriva hacia pensamientos autorreferenciales, recuerdos autobiográficos o proyecciones sobre el futuro.

La red neuronal por defecto incluye estructuras como la corteza cingulada posterior y la corteza prefrontal medial, regiones vinculadas a la construcción de narrativas sobre uno mismo y a diversas formas de procesamiento autorreferencial. Diversos estudios han documentado modificaciones en la actividad de esta red durante estados meditativos profundos. De forma llamativa, investigaciones realizadas con sustancias psicodélicas clásicas también han descrito alteraciones comparables.

En 2015, un equipo liderado por Fernanda Palhano-Fontes publicó un estudio mediante resonancia magnética funcional que examinó la actividad cerebral de participantes con experiencia previa en ayahuasca. Los resultados mostraron una disminución significativa de la actividad en regiones clave de la DMN, junto con cambios en los patrones de conectividad funcional de la red. Los autores propusieron que la ayahuasca inducía una modulación temporal de los circuitos cerebrales asociados al procesamiento autorreferencial.

Aquellos hallazgos contribuyeron a consolidar una línea de investigación que continúa creciendo. El objetivo no consiste en localizar un hipotético «centro del yo» en el cerebro, sino en comprender cómo determinadas experiencias transforman temporalmente los procesos mediante los cuales las personas construyen la sensación de identidad.

Meditación y psicodélicos

La posibilidad de que ciertas prácticas contemplativas y algunos estados inducidos por psicodélicos compartan mecanismos parciales de acción ha despertado un notable interés científico durante la última década. Uno de los trabajos más citados en este ámbito procede del equipo dirigido por Lukasz Smigielski, que en 2019 publicó dos artículos complementarios, en NeuroImage y en Scientific Reports, a partir de un mismo retiro intensivo de mindfulness de cinco días con 38 meditadores experimentados. Bajo un diseño aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo, una parte de los participantes recibió psilocibina.

Los investigadores observaron una profundización de la experiencia meditativa, una mayor intensidad en las experiencias de disolución del ego y modificaciones específicas en redes cerebrales relacionadas con el procesamiento autorreferencial. Algunos de los cambios psicológicos positivos descritos por los participantes persistían cuatro meses después de la experiencia.

Otros trabajos han explorado la relación entre ayahuasca y capacidades vinculadas a la atención plena. Soler y colaboradores observaron que una única sesión con ayahuasca se asociaba con cambios en variables relacionadas con mindfulness, mientras que estudios posteriores compararon sesiones repetidas de ayahuasca con programas estándar de entrenamiento en mindfulness.

Sin embargo, estos resultados no permiten equiparar meditación y psicodélicos. Ambos caminos responden a contextos, prácticas, objetivos y tradiciones profundamente diferentes. Lo que la evidencia científica sugiere, por ahora, apunta a posibles convergencias en determinados procesos cognitivos y experienciales, no a una equivalencia entre fenómenos. La cautela resulta especialmente importante en un campo donde el entusiasmo suele adelantarse a las conclusiones.

Más allá del cerebro

La investigación contemporánea sobre consciencia atraviesa una transformación significativa. Frente a perspectivas exclusivamente biológicas, cada vez más investigadores reconocen la importancia de factores psicológicos, sociales y culturales en la configuración de la experiencia humana.

En el ámbito de las medicinas tradicionales, esta cuestión adquiere una relevancia particular. Durante décadas, el trabajo científico de ICEERS ha contribuido a visibilizar la importancia del contexto en la comprensión de las experiencias asociadas a la ayahuasca y otras prácticas tradicionales. Conceptos como los sistemas culturales de significado, la preparación previa, la intención, el acompañamiento o la integración posterior desempeñan un papel tan relevante como los efectos farmacológicos de las sustancias implicadas.

Desde esta perspectiva, la neurociencia aporta información valiosa, pero no agota el fenómeno que pretende describir. Comprender la transformación humana exige atender simultáneamente a los correlatos neurobiológicos, la experiencia subjetiva, las relaciones interpersonales y los marcos culturales que permiten interpretar lo vivido.

Quizá por ello las preguntas que surgen del diálogo entre meditación y estados no ordinarios de consciencia trascienden ampliamente los límites del laboratorio. ¿Cómo se construye la identidad? ¿Por qué determinadas experiencias modifican de forma duradera la percepción de uno mismo? ¿Qué papel desempeñan el silencio, la atención y la contemplación en esos procesos?

Un diálogo necesario para acallar la mente

Estas cuestiones constituyen precisamente el eje del II Encuentro Anual de Espiritualidad y Neurociencia, que reunirá en Gran Canaria a voces procedentes de disciplinas diversas para reflexionar sobre el papel del silencio y la paz en la experiencia humana contemporánea.

Entre los participantes figuran el maestro Dokushō Villalba, referente del budismo zen en el ámbito hispanohablante; la filósofa Mónica Cavallé, especializada en filosofía sapiencial y diálogo entre tradiciones de sabiduría; el neuropsicólogo Domingo Quintana; la psicóloga e investigadora Laura Tolbaños; o el divulgador J. Q. Arosa, cuyas intervenciones exploran las relaciones entre neurociencia, psicología y consciencia.

La programación combinará conferencias, experiencias meditativas, mesas de diálogo, coloquios abiertos y propuestas artísticas, como la actuación del grupo Hawā, que conjuga música árabe y poesía sufí. El encuentro contará también con la participación de Igor Domsac, coordinador de comunicaciones en ICEERS, cuya presencia contribuirá a ampliar la conversación sobre las relaciones entre ciencia, experiencia subjetiva, construcción de significado y transformación personal.

Más allá de las diferencias entre disciplinas, tradiciones o marcos conceptuales, este encuentro parte de una intuición subyacente: algunas de las preguntas más importantes de nuestro tiempo tal vez no requieran más velocidad, información o estímulos, sino, precisamente, más silencio. Y es que, como argumentaba el científico y filósofo francés Blaise Pascal, «todos los problemas de la humanidad provienen de la incapacidad del ser humano para permanecer sentado, solo y en silencio, en una habitación».

Foto de Boba Jovanovic en Unsplash.