Un nuevo estudio liderado por investigadores de ICEERS documenta cambios psicológicos significativos y duraderos en participantes occidentales que asistieron a retiros de ayahuasca dirigidos por sanadores shipibo en la Amazonía peruana. La investigación, publicada en la revista Psychedelics, constituye el análisis de personalidad más amplio realizado hasta la fecha con este conjunto de datos, y se inscribe en el paradigma de la Salud Mental Global Simétrica: un marco que propone una relación recíproca y no extractiva entre los sistemas médicos indígenas y occidentales.
El conjunto de datos procede del Temple of the Way of Light, un centro de retiros en la Amazonía peruana que trabaja con curanderos shipibo, y ha sido la base de investigaciones previas de ICEERS: un análisis con cincuenta participantes centrado en el duelo (González et al., 2020) y un estudio de bienestar con doscientos participantes (González et al., 2021). Ambos encontraron mejoras sostenidas en calidad de vida y descentramiento a los tres, seis y doce meses del retiro. La investigación que ahora se publica amplía esa base con la muestra completa de 264 participantes e incorpora, por primera vez, una evaluación exhaustiva de la personalidad mediante el NEO-FFI.
El perfil de las personas participantes
La muestra presenta un perfil homogéneo: edad media de 41 años, distribución igualitaria por sexo, alto nivel educativo (85 % con estudios universitarios), y la mayoría procedente de Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Australia. Destaca un dato relevante para la interpretación de los resultados: el 33,7 % declaró sufrir ansiedad, el 27,3 % depresión, el 12,5 % duelo y el 6,1 % estrés postraumático en el momento de iniciar el retiro. Sin embargo, sólo el 45 % había recibido un diagnóstico formal previo.
Las principales motivaciones para acudir al retiro fueron el crecimiento espiritual (47 %), el desarrollo personal (28 %) y la búsqueda terapéutica (22 %). Ningún participante identificó el uso recreativo o el escapismo como motivación principal, lo que confirma un patrón ya documentado en estudios previos de ICEERS con usuarios rituales de ayahuasca: no puntúan alto en búsqueda de sensaciones, al contrario de lo que caracteriza el uso problemático de sustancias.
Qué muestran los datos
A los doce meses del retiro, los resultados indican cambios significativos en tres de los cinco rasgos de personalidad evaluados. El más llamativo afecta al neuroticismo, un rasgo que mide la tendencia a experimentar emociones negativas como la ansiedad, la tristeza o la irritabilidad. Un año después del retiro, el porcentaje de participantes con niveles altos de neuroticismo había caído del 39,8 % al 28,6 %, mientras que los que presentaban niveles bajos habían aumentado del 23,9 % al 39,0 %. En términos prácticos: cuatro de cada diez participantes que llegaron con una alta carga emocional negativa habían reducido esa tendencia de forma medible y sostenida. La extraversión también aumentó, aunque de forma más moderada.
La calidad de vida mejoró en todos los ámbitos evaluados: salud psicológica, relaciones sociales, salud física y percepción del entorno. Los efectos fueron especialmente pronunciados en la dimensión psicológica y en las relaciones sociales, lo que sugiere que los cambios no se limitaron al interior de cada persona sino que se proyectaron también en su vida cotidiana y sus vínculos. El cambio más notable de todo el estudio, sin embargo, se produjo en la capacidad de descentramiento: la habilidad de observar los propios pensamientos y emociones como eventos que pasan por la mente, sin quedar atrapado en ellos. Representa, en cierto modo, lo contrario de la rumiación: en lugar de fusionarse con el malestar, la persona aprende a verlo desde cierta distancia.
El 91,7 % de los participantes declaró haber experimentado beneficios a largo plazo, principalmente en bienestar espiritual (80,3 %), bienestar personal (76,1 %) y salud mental (71,6 %). Los efectos adversos resultaron mínimos: solo el 2,3 % de los participantes reportó algún daño o efecto negativo duradero.
En cuanto al consumo de sustancias, el estudio registró un dato que merece contexto: la frecuencia de uso en el último mes aumentó ligeramente en el conjunto de la muestra, pero al desagregar por sustancia, el aumento se limitó exclusivamente al tabaco. Para el alcohol, el cannabis, la cocaína, las anfetaminas y otros psicodélicos, la proporción de participantes que declaró no haber consumido aumentó de forma estadísticamente significativa. Este patrón resulta coherente con la literatura existente sobre los efectos de la ayahuasca en el uso problemático de sustancias.
El papel de los sanadores shipibo
Uno de los hallazgos más significativos desde una perspectiva de salud pública atañe a lo que los propios participantes consideraron más determinante en su proceso. Cuando se les preguntó qué factor había resultado más importante durante el retiro, el 41,6 % señaló las experiencias con la ayahuasca, pero el 26,6 % atribuyó el peso principal al trabajo de los sanadores shipibo, y el 15,9 % a una combinación de factores. Solo el 0,9 % destacó las terapias complementarias como el yoga o la meditación.
Este resultado, coherente con la literatura sobre medicina amazónica que describe el proceso terapéutico como fundamentalmente relacional, tiene implicaciones directas para el debate sobre la medicalización de los psicodélicos: si los factores extrafarmacológicos —en particular la relación con el sanador, el canto de los icaros y la estructura ritual— desempeñan un papel central en los resultados, extraer la molécula de su contexto ceremonial para administrarla en un entorno clínico supone perder una parte sustancial de lo que hace eficaz al sistema médico en su conjunto.
El análisis de correlaciones arroja un hallazgo con implicaciones directas para la reducción de daños. Los participantes que llegaron al retiro con mayor malestar psicológico presentaban también menor capacidad de descentramiento en la línea de base, y mayor neuroticismo. Dado que el descentramiento actúa como factor de resiliencia frente al sufrimiento emocional —reduciendo la identificación con pensamientos y emociones perturbadores—, los autores sugieren que fortalecer esta capacidad, especialmente en personas con mayor inestabilidad emocional, podría operar como factor protector tanto en el contexto ceremonial como en intervenciones terapéuticas más estructuradas.
La Salud Mental Global Simétrica como marco de referencia
El estudio no sólo aporta datos: adopta una posición explícita sobre cómo debe hacerse la investigación en este campo. El paradigma Sym-GMH propone que la crisis global de salud mental no puede abordarse únicamente exportando sistemas psiquiátricos desde el Norte Global al Sur Global, ni tampoco extrayendo conocimientos tradicionales para reempaquetarlos en formatos clínicos occidentales. La alternativa pasa por un diálogo genuino entre paradigmas terapéuticos, que preserve la integridad cultural de las prácticas, reconozca la agencia epistémica de las comunidades que las custodian, y articule políticas de salud capaces de dar cabida a modalidades diversas de sanación.
Los propios autores reconocen las tensiones que este enfoque implica: las respuestas indígenas al creciente interés occidental no resultan uniformes, y los riesgos de apropiación cultural, desequilibrios económicos y dinámicas neocoloniales constituyen riesgos reales que cualquier marco que se pretenda no extractivo debe abordar con honestidad. El Sym-GMH no resuelve esas tensiones, pero las incorpora como parte constitutiva del problema.
Para ICEERS, que lleva casi dos décadas generando conocimiento sobre la ayahuasca desde un enfoque que no disocia la dimensión científica de la cultural y la ética, este estudio representa una continuación consecuente de esa trayectoria. El artículo completo, de acceso abierto, puede consultarse aquí.