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    Xavier Francuski

    Xavier Francuski

    Xavier Francuski nació en Asia, se crió en Europa, y ha vivido en América. Con una formación en psicología de la investigación, intenta conciliar la asombrosa naturaleza de los reinos del más allá con el sentido que podemos darle en este mundo.

    Cuando se usan de forma segura, las sustancias psicodélicas pueden poner en marcha una «crisis interna» temporal para ayudar a la gente a superar traumas y retos.

    Aunque mucha gente se decide a probar las drogas psicodélicas para «colocarse» o para experimentar un subidón, hay más de una lección que puede cambiar nuestra vida y que las experiencias psicodélicas profundas pueden enseñarnos. Cuando se abordan con prudencia y madurez, pueden regalarnos significativos viajes visionarios a nuestra propia mente subconsciente y al místico «más allá».

    Estas misteriosas hazañas de la conciencia pueden mostrarnos lo único que necesitamos para romper nuestro molde y superarlo, y que la realidad es mucho, mucho más grande que aquélla a la que estamos confinados en nuestra vida cotidiana. Las presiones existenciales que generan o liberan pueden canalizarse a través de ciclos internos de crisis y renovación para hacernos más resistentes y sabios.

    La integración de las percepciones derivadas de las experiencias con drogas psicodélicas puede servirnos para mitigar nuestras propias respuestas personales ante acontecimientos vitales complicados, como la crisis de la Covid-19, cuyas consecuencias estamos afrontando actualmente. A la luz de la desgarradora ola de esta pandemia que se está cobrando un peaje global en la economía, el bienestar y la propia existencia, queremos echar un vistazo a cómo podemos invocar las lecciones de nuestros viajes psicodélicos para combatir el estrés, el miedo y el sufrimiento que estamos sufriendo en este momento.

    Ésta es mi opinión al respecto.

    Cómo aproveché el poder de los psicodélicos

    Después de mi primera toma de drogas psicodélicas —setas alucinógenas—, supe sin duda que se había producido un gran cambio interior en mí. Me di cuenta de que nunca volvería a ser el mismo; más concretamente, que no podía mirar la vida con la misma ingenuidad y limitaciones en las que me había encapsulado antes. Las setas me mostraron que hay algo más ahí fuera, alguna inteligencia universal inequívocamente poderosa de la que todos parecemos proceder y a la que volvemos una vez que nuestros cuerpos físicos dejan de funcionar.

    También me permitieron acceder a una inteligencia y alcanzar capacidades de razonamiento y reflexión más agudas y creativas. Bajo su influencia, mi conciencia hipercargada era capaz de dar la vuelta a todas mis confusiones e inseguridades actuales y desenterrar rápidamente formas novedosas, más beneficiosas y fundamentadas de ver mi vida.

    Mis experiencias posteriores con la LSD, la DMT y la ayahuasca tuvieron sus propias aportaciones en la construcción de mi conciencia y conocimiento.

    El ácido me mostró las transformaciones más impresionantes del mundo exterior, llevándome a percibir con mis propios ojos cómo incluso los objetos más sólidos realmente «respiran» y fluyen. También me reveló las partes ocultas más extrañas de mi subconsciente en visiones internas intensamente vívidas.

    La DMT me lanzó a planos de existencia completamente diferentes, confirmando de una vez por todas que otras realidades autónomas son muy reales y que funcionan en una especie de eternidad que se rige por reglas diferentes a las de nuestro mundo ordinario.

    Y la ayahuasca… Bueno, la ayahuasca cogió toda mi vida, la diseccionó y me dijo muy explícitamente quién soy, cuál es mi propósito y qué aspectos de mi personalidad necesito mejorar para vivir más alineado con la autenticidad y la sinceridad.

    ¿Por qué te cuento todo esto?

    A menudo escribo sobre la ciencia o la cultura de las drogas psicodélicas y la ayahuasca, tratando de explicar su función y su significado sin dejar de estar abierto al misterio. Pero creo que también es importante compartir mi experiencia personal, que está muy influenciada por mi sentido exterior, profesional o público. Por eso me gustaría compartir con ustedes la lección más importante que todas estas experiencias psicodélicas y enteógenas han arraigado en mí. No se trata de una filosofía grandiosa y abstracta, sino de una serie de ideas sorprendentemente sencillas que reverberan claramente en cada momento de mis estados mentales alterados por la psicodelia. Aquí está:

    • La vida es más grande que tú.
    • La vida cambia y pasa, y no le importa cómo te hace sentir.
    • Tú eres el único al que le importa, y tus reacciones no cambian lo ocurrido.
    • Sólo pueden perjudicarte o beneficiarte a TI, a las personas que te importan y a tus esfuerzos por responder a la realidad.

    Intentaré explicar por qué integrar esta comprensión en mi vida diaria ha sido probablemente el cambio positivo más transformador que he vivido. Por último, me gustaría comentar cómo se aplica esta noción a la hora de afrontar acontecimientos estresantes como la crisis.

    La inactividad

    Antes de probar los psicodélicos, estaba lleno de ideas bastante infundadas y equivocadas sobre la vida. Como la mayoría de la gente, mi personalidad estaba fuertemente modelada por mi familia, mi cultura, mis amigos, mis ídolos, mi educación, mi política y otras corrientes de influencia. Quería ser normal y hacer lo que hacen los demás porque me había definido a través de un paradigma creado por los círculos sociales a los que había pertenecido.

    También había interiorizado ciertas nociones socialmente aceptadas de cómo debían ir las cosas y pensaba que estas nociones, junto con algún esfuerzo para realizarlas, deberían ser suficientes para que fueran así. Cuando realmente experimentaba un fracaso o una pérdida, a menudo me destrozaba. Rumiaba durante días o incluso semanas lo que había sucedido, tratando de entender por qué me había pasado y cómo podía revertirlo. Me esforcé por aceptar que la vida no siempre es justa y que la mayoría de los acontecimientos son irreversibles.

    Conciencia

    Cuando experimenté los psicodélicos, tuve la oportunidad de ver cuán ingenuo e inmaduro era todo este sistema de creencias. Por primera vez en mi vida, pude silenciar todo ese ruido de condicionamiento social y escuchar mi propia voz interior. No era la voz de un niño triste, solitario o inseguro, incompleto sin todos los elementos con los que me había definido; al contrario, era la voz de la razón y la plenitud.

    Fue entonces cuando comprendí que las influencias sociales que había considerado parte de mí no me hacían completo, sino que me impedían reclamar mi integridad.

    Al escuchar la voz de mi yo verdadero o más auténtico, pude comprender que esas otras influencias eran ajenas e impermanentes. Me había dado cuenta de que yo era la única entidad que siempre estaba ahí, mientras que ellas entraban y salían; aun así, por alguna razón, quedaban retenidas en mi subconsciente y gobernaban sistemáticamente mi comportamiento. Algo así como una suposición por defecto que la mayoría de nosotros tendemos a hacer es que nuestra familia, amigos, parejas, ídolos y cultura forman parte de nuestro ser para siempre: ¡todo esto puede y debe cambiar a lo largo de la vida!

    Apego

    Aferrarse a las personas, las cosas y los conceptos puede ser una expresión de un anhelo temeroso de definirnos a través de ellos. La dependencia de los demás es en gran medida también una dependencia para mantener el «yo» o el ego definido de determinadas maneras. Sin embargo, es exactamente a través del proceso de pérdida y de dejar ir que podemos ver realmente de qué estamos hechos y crecer y redefinirnos con éxito.

    Las conexiones sociales y emocionales significativas son, por supuesto, beneficiosas, pero permanecer en un estado de dependencia de alguien rara vez puede producir el tipo de crecimiento del que somos capaces. Aun así, puede resultar cómodo porque nos resulta familiar y parece explicar a nosotros y a los demás una parte de lo que somos como personas.

    Este sentimiento de comodidad y la autodefinición que conlleva el apego conducen a una pendiente resbaladiza hacia la raíz de todo sufrimiento: la noción de permanencia. La permanencia es importante para nosotros porque nos ayuda a seguir siendo coherentes a nuestros ojos. De dónde venimos, a quién conocemos, a dónde vamos, lo que hacemos, lo que usamos, lo que nos gusta y, muy importante, lo que pensamos sobre las cosas: todos éstos son conceptos que empleamos para definirnos a nosotros mismos y presentarnos a los demás.

    Sentirse coherente nos permite ir por la vida con confianza sabiendo que estamos al tanto de lo que somos. También nos permite hacer predicciones seguras de cómo reaccionaremos ante ciertas cosas y situaciones.

    Pero… ¿lo que sentimos es realmente confianza?

    Desapego

    Lo que descubrí con la ayuda de las drogas psicodélicas es que esta seguridad resulta superficial y frágil —puede desmoronarse fácilmente ante la mera idea de cruzar la frontera de la zona de confort hacia lo desconocido e incierto—. Nuestras nociones y planes pueden funcionar bien dentro del contexto (o los límites) de una vida práctica y cotidiana: pueden hacer que las cosas funcionen bien, ayudarnos a no equivocarnos con demasiada frecuencia y a sufrir por ello. Pero también conducen a algunas falacias pesadas que rara vez se examinan: que estamos bajo control y que somos libres.

    Los psicodélicos cortan estas ilusiones como un cuchillo caliente hace con la mantequilla.

    La vida, a una escala más grande que la rutina diaria, una escala que las drogas psicodélicas nos permiten escrutar de forma tan evocadora, es una amalgama compleja y desordenada de elementos que entran y salen constantemente de la existencia y añaden sus distintos sabores a la mezcla. Puede compararse con un caldero de infusión de ayahuasca con sus muchos ingredientes potenciales, en el que cada constituyente se añade para modular la experiencia. Algunos, como el toé, pueden hacerla más peligrosa; otros pueden catalizar una mayor comprensión o curación; otros, sin embargo, pueden prolongar el viaje o hacerlo más intenso. Lo que todos tienen en común es que podemos, es más, tenemos que aprender de sus efectos.

    Es mucho más liberador sentirse cómodo con la idea de que la vida es un viaje psicodélico de toda la existencia, con numerosos desvíos multidimensionales en el camino hacia un destino desconocido, que un viaje de una sola vía con paradas claramente designadas y bien planificadas. Una vez que abrazamos esta idea y dejamos de imponer nuestras expectativas personales sobre cómo debe ir la vida, podemos dejar de sufrir por fin nuestras propias reacciones a las cosas que no resultan como queríamos. Esta nueva perspectiva nos permite escapar de los grilletes de lo conocido y darnos cuenta de que en realidad no había tanta razón para temer lo desconocido todo el tiempo.

    Sin embargo, debemos ser conscientes de que las experiencias psicodélicas pueden, si se toman al pie de la letra y no se integran adecuadamente, inducir también ilusiones e ideologías negativas propias. Éstas pueden ser aprovechadas para justificar pensamientos y acciones extravagantes y potencialmente peligrosas. Debemos acercarnos al insight inducido por las drogas psicodélicas con todo el cuidado, sentido y escrutinio posibles para evitar saltar de una serie de falacias a otra.

    Las enseñanzas de las drogas psicodélicas

    Si conseguimos extraer lecciones razonables de las drogas psicodélicas y las integramos bien, los acontecimientos imprevisibles y los meandros injustificados pueden ser abrazados por su novedad y por la mera posibilidad de experimentarlos.

    La confusión puede ser recibida con gratitud por su poder para desequilibrarnos y darnos la oportunidad de encontrar nuestro centro. El cambio, tanto si lo deseamos como si no, puede ser bienvenido por su potencial para ayudarnos a crecer, enseñándonos más sobre quiénes somos y qué es el mundo.

    Ninguno de ellos se teme ni se evita, porque entendemos que no sólo son parte integrante de la vida, sino su principio fundador y motor. Todo cambia, todo pasa. Y a nada le importa lo que hagas con ello. El único que lo hace… eres tú. Así que, más vale que intentes mirarlo todo con gracia y gratitud.

    Éste es un mensaje clave que las drogas psicodélicas parecen tener para nosotros.

    En experiencias psicodélicas profundas, tu alma puede alejarse tanto de su cuerpo que pierde toda conexión con la persona a la que da vida. La muerte puede parecer una consecuencia natural e inminente de esta separación, y puedes ver con total claridad que ninguna de las cosas que parecían tener importancia durante la vida importan ya.

    Las drogas psicodélicas pueden llevarte a este punto en el que te enfrentas a tu propia mortalidad, y volver de ahí puede cambiar profundamente tu comprensión de lo que importa y de lo que habías estado desperdiciando. Lo que aprendí a través de mis viajes es que debo dejar de lado las expectativas porque son las que alimentan la decepción y la autovictimización. Aprendí que la única manera de vivir feliz es ver todo el cambio como una oportunidad para aprender y crecer.

    Superar la crisis

    Con estas lecciones integradas, incluso los sucesos más estremecedores, como las tragedias o las crisis, pueden experimentarse no como obstáculos debilitantes, sino como oportunidades para soltar el miedo, reconfigurarse, superar la dificultad con un enfoque nuevo y amoroso, y emerger más fuerte en la otra cara de la moneda. Una vez que ves tu propia muerte y haces las paces con ella, nada en el mundo puede tomarse tan en serio como antes. Dejar de lamentarse por las circunstancias y, en su lugar, invertir energía en buscar una forma de mitigar o sortear el problema parece algo natural.

    Las conjeturas que hago aquí han sido corroboradas por la investigación científica, y aún más por los informes anecdóticos. Hay una plétora de estudios y testimonios disponibles para su revisión sobre los efectos positivos rápidos y sostenidos de las drogas psicodélicas como la ayahuasca, la DMT, la LSD, la MDMA, la ibogaína y la psilocibina en estados mentales debilitantes y a veces intratables como la depresión, la ansiedad inducida por el cáncer, la adicción, el estrés postraumático, el Parkinson y otras dolencias.

    Se supone que las drogas psicodélicas hacen esto presentando al individuo sus propios patrones de pensamiento disfuncionales, mostrándole que estos hábitos no le sirven y presentándole paradigmas más saludables, que luego son adoptados e integrados durante la reconstrucción del ego escrutado. Seguramente, si pueden ayudar a tratar condiciones tan drásticas, pueden ayudarnos a navegar por las incertidumbres y los desafíos del desorden impredecible que es la vida.

    Por eso, en tiempos de crisis, ya sea una distorsión de la identidad o una pandemia global como la Covid-19, no dejemos que nuestra reacción sea la del pánico. En su lugar, invoquemos las enseñanzas de los psicodélicos y ampliemos nuestro ámbito de pensamiento más allá de nuestro limitado microcosmos autorrevolucionado, hacia el sabio y elegante universal.

    Nunca olvides que esto también cambiará; esto también pasará.

    Artículo original en Khapi.

     

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