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    Steve Beyer

    Steve Beyer

    Steve Beyer es licenciado en Derecho y doctorado en Estudios Religiosos y Psicología. Vivió durante un año y medio en un monasterio tibetano en el Himalaya, y ha publicado tres libros sobre budismo y lengua y religión tibetanas. Ha sido profesor en la Universidad de Wisconsin-Madison, la Universidad de California-Berkeley y la Graduate Theological Union.

    ¿Es neurotóxica la ayahuasca? ¿Tiene este brebaje amazónico la capacidad de producir daños cerebrales? En este artículo, Steve Beyer analiza un estudio realizado en Brasil con ratas de laboratorio donde se plantea la posibilidad de que la ayahuasca provoque neurotoxicidad.

    Un estudio toxicológico, dirigido por Alex Roberto Melgar Figueroa y presentado como tesis doctoral en la Facultad de Ciencias Farmacéuticas de Ribeirão Preto en Brasil, ha ensayado los efectos neurotóxicos de la ayahuasca en ratas de laboratorio. El resumen, en portugués e inglés, está aquí, y el texto completo —desgraciadamente, sólo en portugués— está aquí. «Los resultados de esta investigación», informa el autor, «indican la presencia de estrés oxidativo en ratas tratadas con ayahuasca, con valores estadísticamente significativos de apoptosis neuronal medidos por el ensayo TUNEL». En otras palabras, el autor dice que la ayahuasca mató las células del cerebro de las ratas experimentales. ¿Qué podemos concluir de esto?

    El estudio

    En muchos sentidos, éste era un diseño bastante típico para un estudio de toxicología. Había dos grupos, con doce ratas Wistar de laboratorio en cada uno. Durante un período de veintiún días, el grupo de control recibió, por sonda gástrica, dos mililitros de agua, y el grupo tratado recibió, por el mismo medio, dos mililitros de ayahuasca diluida a medias con agua. Al final de los veintiún días —esto se considera un estudio subagudo— las ratas fueron sacrificadas, disecadas y sus órganos sometidos a diversas pruebas, para ver si había alguna diferencia estadísticamente significativa y toxicológicamente relevante entre los dos grupos. El estudio informa de dos de esas diferencias.

    Aumento de las células neuronales apoptóticas

    La apoptosis es una forma de muerte celular programada en los organismos multicelulares. A diferencia de la necrosis, que es una forma de muerte celular traumática que resulta de una lesión celular aguda, la apoptosis suele ser útil. Si las células no mueren de forma ordenada, el resultado puede acarrear una serie de cánceres, enfermedades autoinmunes, enfermedades inflamatorias e infecciones virales. Por otra parte, la muerte celular fuera de control puede provocar enfermedades neurodegenerativas, enfermedades hematológicas y daños o atrofia de los tejidos. El método TUNEL es uno de los principales métodos utilizados para identificar células en la última fase de la apoptosis.

    Según informa el autor, en este estudio, las ratas a las que se les administró ayahuasca mostraron un aumento estadísticamente significativo de las células neuronales apoptóticas, medido por el método TUNEL, en comparación con el grupo de control.

    Disminución del glutatión sérico y de la vitamina E hepática

    Las moléculas químicamente reactivas, como los iones de oxígeno y los peróxidos, son un subproducto natural del metabolismo normal del oxígeno y, en niveles bajos, desempeñan un papel importante en varias funciones celulares. Sin embargo, en algunas condiciones, el nivel de dichas moléculas puede aumentar drásticamente, provocando daños en las estructuras celulares. Este mayor nivel de especies reactivas de oxígeno se denomina estrés oxidativo.

    El estrés oxidativo puede producirse por uno o ambos motivos: una mayor producción de moléculas oxidantes o una disminución significativa de la eficacia de las defensas antioxidantes, como el glutatión y la vitamina E. Esta incapacidad de la célula para desintoxicar las moléculas reactivas o reparar el daño que han causado puede dañar todos los componentes de la célula. Incluso un estrés oxidativo moderado puede desencadenar la apoptosis. Los bajos niveles de moléculas antioxidantes pueden indicar que la desintoxicación de las especies reactivas de oxígeno está deteriorada.

    En este estudio, informa el autor, las ratas a las que se les administró ayahuasca mostraron una disminución estadísticamente significativa del glutatión sérico y de la vitamina E hepática en comparación con el grupo de control.

    La conclusión

    El autor relaciona estas dos diferencias estadísticamente significativas concluyendo que los resultados «sugieren la presencia de un proceso neurotóxico en las ratas Wistar tratadas con infusión de ayahuasca durante un período subagudo, probablemente desencadenado indirectamente por factores de estrés oxidativo».

    Limitaciones del estudio

    Hay varias limitaciones en este estudio que son relevantes tanto para sus conclusiones como para cualquier intento de extrapolar esas conclusiones a los seres humanos. Algunas de estas limitaciones son comunes a cualquier bioensayo con roedores, mientras que otras parecen ser exclusivas de este estudio.

    Método de administración

    En primer lugar, debemos tener en cuenta que en este experimento las ratas fueron dosificadas por sonda, es decir, se les introdujo un tubo por toda la garganta hasta el estómago y se les bombeó la ayahuasca. Es de suponer que se hizo así porque la inyección intravenosa o intramuscular podría eludir los procesos metabólicos y de desintoxicación gastrointestinales pertinentes. La sonda también tiene la ventaja de asegurar que una dosis medida entra realmente en el estómago. Pero, aun así, esta vía es muy diferente de la forma habitual en que los seres humanos ingieren la ayahuasca, y no está claro qué efecto —si es que hay alguno— tuvo este método de administración en el resultado.

    Las ratas

    Las ratas utilizadas en el estudio eran ratas macho albinas estándar de laboratorio Wistar, actualmente una de las cepas de rata más utilizadas para la investigación de laboratorio. Estas ratas han demostrado ser modelos útiles para los déficits neurológicos humanos. Los investigadores han identificado equivalentes en ratas de la acinesia, el temblor, los déficits posturales y la discinesia, todos ellos relevantes para la enfermedad de Parkinson en humanos. Los modelos de rata de hemiplejía, negligencia visoespacial y extinción táctil han sido útiles para evaluar el resultado de una lesión cerebral isquémica o traumática, y para controlar los efectos de las intervenciones terapéuticas para estas condiciones.

    Pero no cabe duda de que hay diferencias entre las ratas y los humanos. Las ratas no tienen vesícula biliar. Toda la bilis que utilizan es producida por su hígado, que es proporcionalmente mucho más grande que el de los humanos. El tracto gastrointestinal de las ratas tiene una superficie de absorción mucho menor que la de los humanos, por lo que absorben los materiales más lentamente y en menor medida. Las ratas, a diferencia de los humanos, no pueden vomitar el contenido de sus estómagos.

    Y las ratas de este estudio parecen haber tenido algunos problemas significativos propios.

    En primer lugar, en un estudio piloto anterior para probar la dosis originalmente planeada para el experimento, diez ratas recibieron cada una tres mililitros de ayahuasca, por sonda gástrica, cada día durante cinco días. Cuatro de las diez ratas murieron en el transcurso del estudio piloto, una tasa de mortalidad muy alta. Como resultado, en el propio experimento, la concentración de ayahuasca se redujo a la mitad, mezclándola uno a uno con agua y la dosis se redujo a 2 ml de esta ayahuasca diluida por día. No se explica la muerte de las ratas en el estudio piloto, y no sabemos si hubo algún problema con las ratas, con la ayahuasca o con las condiciones de laboratorio en las que se mantuvieron las ratas.

    Pero, entonces, de forma relevante, dos ratas del grupo de control —es decir, ratas a las que se les dio sólo agua— murieron en el transcurso del experimento. Los dos animales comenzaron a mostrar signos de anorexia, letargo y secreción nasal aproximadamente un día antes de morir. En la necropsia, aparte de la hiperemia nasal —una cantidad inusual de sangre en las membranas mucosas nasales— no hubo hallazgos significativos en ningún órgano. Las dos ratas muertas simplemente no se tuvieron en cuenta en el análisis estadístico del estudio, y el grupo de control se analizó como si tuviera sólo diez ratas.

    A continuación, una de las ratas tratadas murió, de la misma manera, el mismo día en que iba a ser sacrificada para el estudio. Como resultado de esta muerte, el grupo tratado se analiza estadísticamente a veces como si tuviera doce y a veces como si tuviera once ratas. No se indica si las muertes de las ratas del estudio fueron diferentes o similares a las de las ratas piloto.

    Por último, en cada uno de los dos grupos, sólo se analizaron seis de los doce cerebros de las ratas para determinar la apoptosis neuronal. No se da ninguna explicación al respecto, salvo la afirmación de que la evaluación de los seis cerebros restantes era, de algún modo no especificado, «inviable». No se da ninguna explicación sobre lo que esta inviabilidad podría haber sido.

    La ayahuasca

    Sabemos muy poco sobre la procedencia de la ayahuasca utilizada en el experimento. Pero hay tres cosas que sí sabemos que pueden ayudarnos a evaluar sus resultados.

    En primer lugar, diferentes lotes de ayahuasca pueden diferir significativamente en sus componentes. Los estudios de las bebidas de ayahuasca del Alto Amazonas y de Brasil han demostrado que la cantidad media de DMT en diferentes muestras oscilaba entre 12,5 y 60 mg/100 ml, y la cantidad media de betacarbolinas totales oscilaba entre 20 y 668,33 mg/ml. Se trata de una variación muy significativa. Sin tener un análisis de la bebida específica que se les dio a las ratas en el experimento, es arriesgado hacer suposiciones sobre lo que contenía.

    En segundo lugar, sabemos que el 40% de las ratas del estudio piloto murieron en cinco días cuando se les dio 3 ml de la mixtura sin diluir cada día. Como se ha señalado anteriormente, esto puede haber sido un problema con las ratas, pero también puede haber indicado que había un problema con la ayahuasca. Está claro que el autor pensó que era esto último, al menos en aquel momento, ya que redujo la dosis de 3 ml por día del estudio piloto a 1 ml por día del experimento.

    En tercer lugar, sabemos que la ayahuasca había fermentado. Debido a la presencia de un olor a alcohol en la ayahuasca, el autor analizó su contenido y descubrió que contenía 0,37% de etanol, una cantidad que consideró «demasiado baja y poco probable que influyera en el estudio». No está claro cómo llegó a esta conclusión, y si el efecto de la ayahuasca fermentada podría diferir del de la ayahuasca sin fermentar, en ratas o en humanos, o de qué manera.

    La dosis

    Hagamos algunos cálculos. Las ratas Wistar utilizadas en el estudio, nos dice el autor, pesaban 200 g, lo que parece correcto para su edad de 30-45 días postnatal. La vida media de una rata Wistar es de unos dos o tres años, digamos que 30 meses. Cada día, durante 21 días, cada rata recibió 1 ml de ayahuasca, o sea, una dosis de 0,005 ml/g.

    Un humano medio pesa unos 70 kg y vive unos 840 meses. Veintiún días en los 30 meses de vida de una rata equivalen aproximadamente a 20 meses —o un poco más de un año y medio— en la vida de un humano. Utilizando las propias cifras del autor, la dosis humana media de ayahuasca en un contexto ceremonial es de 150 ml, una dosis de 0,002 ml/g.

    En otras palabras, el equivalente humano de lo que se les dio a las ratas sería beber dos dosis y media de ayahuasca cada día durante más de un año y medio. Tal consumo humano de ayahuasca sería inusual.

    Existen varias justificaciones para estos estudios de altas dosis en animales. Los experimentos con dosis elevadas en animales suelen justificarse como un intento de averiguar el efecto que la sustancia podría tener en las poblaciones humanas más vulnerables, como los bebés, los ancianos, los enfermos y los inmunodeprimidos. Las dosis superiores a las que cualquier ser humano podría ingerir razonablemente y que se administran a ratas sanas se utilizan como sustituto de las dosis más bajas ingeridas por seres humanos no sanos.

    Otra justificación es que las dosis elevadas constituyen un sustituto de una vida más larga, es decir, que las ratas de corta vida a las que se les administran dosis elevadas son un sustituto de los humanos de larga vida que ingieren dosis más pequeñas durante un periodo de tiempo más largo.

    Una tercera justificación es que una sustancia puede tener un efecto adverso en un número relativamente pequeño de personas que la ingieren. Por ello, los ensayos clínicos de medicamentos, en los que sólo se inscriben unos mil seres humanos, suelen pasar por alto efectos adversos que sólo se manifiestan una vez que el fármaco ha sido aprobado y distribuido a cientos de miles de pacientes. En este caso, se administra a un pequeño número de ratas —las ratas de laboratorio de raza pura son caras de comprar y mantener— dosis muy elevadas con la esperanza de que esto haga aparecer cualquier efecto adverso relativamente raro. En otras palabras, la dosis se utiliza como sustituto del tamaño de la población.

    Hay un gran debate sobre todas estas justificaciones. El problema es que estas justificaciones resultan, en última instancia, menos científicas que reglamentarias y prudenciales. El objetivo es descartar las sustancias que pueden afectar negativamente a los enfermos, los ancianos, los niños y los inmunodeprimidos; detectar efectos adversos que de otro modo serían raros en poblaciones humanas más grandes; y predecir los efectos a largo plazo de las dosis bajas, todo ello en un estudio breve y justificable desde el punto de vista de los costes con un número relativamente reducido de ratas.

    Además, es importante señalar que las dosis elevadas de una sustancia en un periodo de tiempo breve pueden desencadenar vías metabólicas totalmente diferentes a las que desencadenarían dosis más bajas durante un periodo de tiempo igual o más largo. Las dosis más altas pueden, por ejemplo, sobrecargar los mecanismos de desintoxicación que funcionarían bien con dosis más bajas. Los metabolitos de las vías metabólicas de dosis altas pueden ser más tóxicos que los de las vías de dosis bajas.

    Dos anomalías

    Hay dos anomalías en los resultados del estudio que vale la pena discutir aquí: los resultados negativos del ensayo fluorométrico de la caspasa-3 y la disminución estadísticamente significativa de los niveles de malonaldehído en las ratas tratadas.

    Reacción fluorométrica negativa de la caspasa-3

    La caspasa-3 es una enzima que se activa durante la cascada de acontecimientos asociados a la apoptosis, y normalmente debería detectarse cuando se produce la apoptosis. Dado el resultado positivo del ensayo TUNEL, es sorprendente que no se detectara ninguna diferencia significativa en los niveles de caspasa-3 entre las ratas tratadas y las de control. Otra forma de decirlo es que la presencia de apoptosis señalada por el ensayo TUNEL en las ratas tratadas no fue confirmada por una reacción fluorométrica de la caspasa-3.

    Disminución de los niveles de malonaldehído

    Del mismo modo, los niveles de malonaldehído son un marcador del estrés oxidativo, por lo que los niveles de malonaldehído deberían aumentar si se está produciendo estrés oxidativo. Mientras que los niveles de glutatión sérico y de vitamina E hepática disminuyeron significativamente en el grupo tratado —lo que el autor toma como un fallo de los mecanismos de defensa antioxidante y, por tanto, indicativo de estrés oxidativo—, los niveles de malonaldehído sérico también disminuyeron significativamente en el grupo tratado, que es precisamente lo contrario de lo que cabría esperar. Otra forma de decirlo es que cualquier estrés oxidativo indicado por la disminución de los niveles de glutatión y vitamina E no se confirmó por ningún aumento de los niveles de malonaldehído.

    De hecho, estos resultados parecen menos consistentes con un estrés oxidativo desbocado que con un aumento de los niveles de especies reactivas de oxígeno que son tratados con éxito por los mecanismos de defensa antioxidantes. El autor especula que la disminución de los niveles de malonaldehído en las ratas a las que se les administró ayahuasca puede deberse a un efecto antioxidante de las betacarbolinas de la bebida de ayahuasca. Pero es difícil ver cómo puede argumentar entonces que la bebida de ayahuasca es al mismo tiempo responsable del supuesto estrés oxidativo.

    Interpretación

    Hay cuatro factores adicionales que creo que deben ser considerados al sopesar el impacto de este estudio sobre la posible neurotoxicidad humana, y antes de que se tomen decisiones legales y regulatorias al menos en parte sobre esa base.

    En primer lugar, aunque hay indicios equívocos de apoptosis neuronal, el estudio no demuestra en ninguna parte nada que se acerque siquiera a indicios conductuales de daño cerebral. No hubo temblores, ataxia, debilidad de las extremidades, o déficits posturales o de equilibrio en ninguna de las ratas a las que se les dio dosis relativamente altas de ayahuasca.

    En segundo lugar, las ratas fueron sacrificadas mientras seguían siendo dosificadas con ayahuasca. No hubo un período de lavado para permitir que toda la droga administrada fuera eliminada del cuerpo. Si efectivamente esta muestra particular de ayahuasca administrada en esta dosis estaba produciendo estrés oxidativo y apoptosis neuronal, querríamos ver si y cuándo los animales se recuperaron —es decir, si y cuándo las defensas antioxidantes volvieron a la normalidad y cualquier neurona apoptótica fue reemplazada y reintegrada por procesos neuroplásticos—.

    En tercer lugar, sólo había un único grupo de ratas tratadas. Por lo tanto, es imposible decir si los efectos reportados están relacionados con la dosis, cómo sería la forma de esa curva dosis-respuesta, o si hay algún umbral para los efectos reportados.

    En cuarto lugar, el estudio debe leerse en el contexto de los estudios epidemiológicos, ciertamente limitados, de seres humanos reales que, de hecho, han ingerido ayahuasca durante períodos de tiempo mucho más largos —los shuar del Alto Amazonas, los miembros brasileños de la União do Vegetal y los miembros americanos del Santo Daime—. Tales estudios no han revelado ninguna evidencia de daño psicológico o neurológico por la ingestión regular de ayahuasca en condiciones de uso ceremonial.

    ¿Un sesgo anti-ayahuasca?

    En Brasil, el uso de la ayahuasca como sacramento religioso en las diversas iglesias ayahuasqueras —União do Vegetal, Santo Daime, Barquinha— está muy politizado. Aunque las iglesias y su uso de la ayahuasca son legales en Brasil, sigue habiendo una considerable controversia, y estudios como el presente son susceptibles de ser citados en el debate público tanto en Brasil como en el extranjero. Y ciertamente hay algunas razones para percibir un subtexto anti-ayahuasca en el presente estudio.

    Al principio, el resumen se refiere a la ayahuasca como «controvertida debido a su uso indiscriminado por algunos grupos de personas», aunque estos grupos nunca se identifican y nunca se aclara qué hace que su uso sea indiscriminado.

    El estudio también parece malinterpretar parte de la literatura actual sobre la ayahuasca —y en una dirección anti-ayahuasca—. El autor, por ejemplo, cita la evaluación de riesgos de Robert Gable sobre el uso ritual de ayahuasca para afirmar que deberíamos considerar «el uso de la ayahuasca como un refuerzo positivo para el potencial abuso de otras sustancias» —una afirmación que el propio Gable rechaza explícitamente—. De la misma forma, cita el artículo de Dennis McKenna sobre el potencial terapéutico de la ayahuasca para la proposición de que «el patrón de uso por parte de los adeptos a las religiones sincréticas puede ser clasificado como recreativo», mientras que en este artículo McKenna mantiene clara y consistentemente diferenciados los usos religiosos y recreativos.

    Juntando estas afirmaciones, el mensaje parece ser que los grupos religiosos que usan la ayahuasca lo hacen de forma indiscriminada y recreativa, y que el uso de la ayahuasca en estos grupos es una puerta de entrada al abuso de otras sustancias. No conozco ningún estudio acreditado que apoye tales afirmaciones.

    NOTA: Este artículo se basa en una discusión entre mis amigos y colegas Frédérick Bois-Mariage, Mitch Liester, Bia Labate, Philippe Lucas, Matthew Meyer, Eduardo Schenberg y Luís Fernando Tófoli. Les estoy muy agradecido por sus ideas y conocimientos. Cualquier error de hecho o de interpretación en este artículo es mío.

    Artículo original de Steve Beyer en Singing to the Plants.

     

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    Aviso: La información contenida en la sección Perspectivas representa la opinión del autor, y no refleja necesariamente el punto de vista de ICEERS.

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