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    La medicina vegetal y el ego: un proceso de reintegración

    11.10.2022
    ICEERS | 11 octubre 2022

    Desde su puesta en marcha en 2013, el Centro de Apoyo de ICEERS ha ayudado a más de mil personas que atravesaban experiencias difíciles después de experimentar con medicinas psicoactivas, como la ayahuasca, el San Pedro (huachuma) y los hongos con psilocibina, entre otros. El psicólogo colombiano David Londoño, coordinador del Centro de Apoyo, lleva 17 años trabajando con medicinas tradicionales indígenas, como paciente y como estudiante. En este artículo, que constituye la primera parte de una serie en la que se exponen ideas y perspectivas del Centro de Apoyo, se incluye una entrevista con David en la que habla en profundidad de la complejidad de la disolución del ego en las experiencias con plantas maestras. David explica cómo nuestro ego constituye un elemento esencial y muestra cómo desarrollar una relación sana con él en contraposición a «perder el ego».

     

    ¿En qué consiste exactamente la «disolución del ego»?

    Para poder responder primero tenemos que pensar en algo complejo: qué es el ego. Ego se refiere a aquello que nos da el sentido de tener un yo. Ego viene del latín, significa «yo» e implica entre otras cosas tanto una estructura psíquica encargada de una serie compleja de funciones fundamentales para la salud psicológica, como una línea que delimita lo que está dentro de lo que está fuera. Una línea que te da un sentido de independencia, de separación y de individualidad.

    El ego te ayuda en este momento, por ejemplo, a regular tus impulsos, a tener un sentido de identidad, a sentir que eres una persona con valor y a separar tus propias ideas y necesidades de las mías. Imagina que esa línea que traza el ego se pierde durante un tiempo prolongado, no durante unas horas, sino días, meses o años. Entonces, pierdes el sentido de individualidad y te puede suceder que no sepas dónde termina tu cuerpo y empieza el cuerpo de otra persona, o que no sepas si necesitas o no alimentarte, o tu opinión sobre un tema.

    Si no tienes un sentido de individualidad sano, puede ser muy difícil «funcionar en el mundo». Para muchas cosas necesitamos un sentido del yo: por ejemplo, para finalizar un trabajo, ponerle a alguien un límite o decidir por quién votamos. En principio, el «yo» presenta todos esos elementos y otros más.

    En ciertas experiencias con medicina vegetal, temporalmente, el sentido del yo se suspende hasta cierto punto, y las personas nos podemos sentir unidas o formando parte de algo mucho mayor. El sentido de la identidad se amplía, y te sientes conectado al universo, al cosmos, a los otros… Eres mucho más amplio que tu individualidad.

     

    ¿Es lo que se conoce como «trascender» el nivel egoico?

    Exacto. Hay una diferencia entre trascender y abandonar o perder el ego. A esto mismo ha llegado otra gente por otras vías, por ejemplo, con el arte, con el yoga o meditando. Es un tema muy central en algunas tradiciones espirituales y se considera un potencial del ser humano e incluso un objetivo. En este contexto lo que se busca no es perder la individualidad, sino ampliar y trascender la dualidad.

    Ahora bien, hay un fenómeno diferente y es que en ciertas patologías el ego está fragilizado, por ejemplo, en la psicosis o en la depresión. Una manera de contemplar la depresión es señalar que el ego de una persona está empobrecido.

    Desde ciertos puntos de vista, el ego tiene una mala reputación y se asocia con un exceso de importancia personal. De ahí que mucha gente hable de la importancia de «perder el ego», pero se están refiriendo a reducir el exceso de arrogancia, tan frecuente en el mundo en que vivimos. Sin embargo, son cosas distintas. No se trata de romper, ni de pelearse con el ego sino de construir un ego sano.

    En ocasiones, una experiencia de apertura de conciencia puede llevar a la persona a una situación de fragilidad egoica en la que se siente, por ejemplo, invadido por los pensamientos de los demás, o que pierde capacidad de elección, o que no puede funcionar en el mundo. Eso no tiene nada de espiritual, es un problema y, por tanto, necesita un tratamiento. Esto es muy distinto de una experiencia de trascender.

     

    ¿En qué momento puede considerarse este estado como patológico?

    Digamos que si estás teniendo visiones o vivencias extraordinarias dentro de una ceremonia, eso no necesariamente es «patológico», sino que puede ser inherente al proceso curativo, eso es propio de la ceremonia. Pero si la ceremonia ya se terminó, pasaron los días y tú sigues oyendo voces que te dicen que eres Jesús y debes salvar el mundo, eso ya entra en el territorio de lo patológico.

    ¿Qué marca la diferencia? Una es el tiempo y el contexto. Hay ciertos fenómenos que son esperables en el contexto de la ceremonia, pero si suceden fuera son síntomas de que algo no va bien. Es algo que observar y atender. En la medicina tradicional amazónica también se considera y se entiende que hay plantas que pueden hacer a una persona más arrogante o más soberbia, y se tiene cuidado con esto. A veces es necesario tener un ego más fuerte para lidiar con la realidad, como en el caso de la depresión.

    Hace poco tomé yagé con los indígenas cofanes. Yo tuve la oportunidad de empezar a profundizar con ellos hace veinte años. A lo largo del tiempo he conocido distintas líneas pero debo decir que son grandes maestros de la planta y he observado que tienen todo un trabajo sobre la humildad, porque otra de las cosas que pueden pasar en un trabajo con ciertas plantas psicotrópicas es una inflación del ego.

    Si por un lado está la pérdida, en el otro extremo del registro estaría la inflación del ego, que le sucede a una persona cuyo ego se agranda tras la experiencia con plantas, se siente el centro del mundo y se incrementa su soberbia desde un punto de vista enfermizo. He visto con bastante frecuencia a gente cuyo narcisismo se ha incrementado tras tomar plantas. En el mito de Narciso, Narciso termina ahogado.

    Conozco a una persona, con una estructura de personalidad narcisista, que en las ceremonias se veía a sí mismo como un gran león, el jefe de la manada, un león poderoso. Esa persona sentía que la planta le estaba diciendo que él era un ser superior. Sin embargo, lo que aparecía en su experiencia es lo que ya tenía por dentro: esa sensación de estar por encima de los demás. Para esa persona se trataba de un mensaje de la planta, que confirmaba que era especial, no un espejo de lo que tenía dentro. Si no eres capaz de entender, o si nadie te ayuda a entender que al verte como un león la planta te está mostrando tu soberbia y tu narcisismo, es fácil que te pierdas.

     

    ¿Hay un tipo de personalidad más proclive a perderse en estos derroteros?

    Hay dos estructuras de personalidad que fácilmente tienen más probabilidad de entrar en una situación patológica: el que tiene una estructura narcisista y el que tiene un ego frágil, que puede perder el borde que lo separa del mundo, y luego tener más dificultades para funcionar en la realidad.

    En la dieta con plantas de ciertas tradiciones amazónicas, antes de administrar la planta a la gente se aseguran de reforzar aspectos de la estructura de personalidad para evitar afrontar una experiencia de disolución del ego. Cuando las plantas llegan a nosotros y no tenemos un buen guía, generalmente no tenemos acceso a esa sabiduría sobre cómo trabajar con más cuidado y prudencia, y vamos a lugares para los que no estamos preparados, y podemos salir muy lastimados.

    Lo mismo es válido para las tradiciones de meditación: hay todo un proceso de preparación corporal, mental e incluso de ética antes de que una persona empiece a tener ciertas experiencias de conciencia, porque se sabe que si llegas allí sin una preparación previa te puede hacer más mal que bien. Nuestra cultura, el Norte Global, no está al tanto y, en cierto sentido, estamos aprendiendo.

     

    ¿Existe el riesgo de que una cultura narcisista e individualista acentúe estos rasgos al entrar en contacto con la planta?

    Sin duda. Yo he visto gente que toma plantas sin una adecuada preparación e integración y a lo largo de los años se va volviendo más y más paranoica. En vez de ir sanándose, sus neurosis se van incrementando: por ejemplo, va aumentando su narcisismo. He visto personas que después de treinta años tomando plantas no han sido capaces de terminar con una depresión. Como tenemos unos sesgos culturales, corremos el riesgo de que al acercarnos a una planta, por la manera en que procesamos el trabajo de planta, acabemos volviéndonos más paranoicos, soberbios y narcisistas, es decir, más enfermos, en lugar de más sanos.

    Necesitamos personas que nos ayuden durante el proceso y luego ayuden a procesar nuestra experiencia con las plantas para no acabar reforzando aspectos de nuestra estructura que no son sanos. Cuando una persona tiene una cierta estructura psíquica, muchas veces busca, inconscientemente, reforzar esa estructura en lugar de salir de ella. Es como la persona que es muy rígida, y empieza a ir al gimnasio, a hacer pesas, y construye así una estructura física rígida que refuerza una estructura psicológica rígida. Eso nos pasa a todos, por eso necesitamos a alguien que nos acompañe, nos ayude a ver nuestros puntos ciegos y nos pueda confrontar cuando así lo necesitamos.

     

    ¿Cómo funcionaría un trabajo de integración respecto a la disolución del ego?

    En mi experiencia, al integrar trabajos con ayahuasca de personas provenientes del Norte Global, es mucho más frecuente encontrar casos de inflación del ego que de pérdida de la identidad, entre otras cosas porque pertenecemos a una cultura muy narcisista. Cuando una persona tiene una pérdida del ego muchas veces hay una preexistencia: de alguna manera, la experiencia cataliza algo que ya estaba ahí. Es muy probable que esa persona viniera con un yo frágil, y cuando rastreas, ese tipo de personalidad se refleja en muchos aspectos: relaciones de pareja, laborales, en sueños… Una crisis frecuentemente evidencia aspectos que ya estaban presentes en la vida de la persona pero que no se habían detectado.

    Esto se trabajaría con una combinación de psicoterapia profunda y prolongada, y trabajo corporal, también energético y espiritual, como se encuentra frecuentemente en sistemas de medicina indígenas/tradicionales, o sea, un abordaje más integral. En la medicina tradicional amazónica hay plantas que sirven para que tengas más conexión con la tierra, te ponen más raíz, como la bobinsana. Hay plantas que aumentan tu sensación de individualidad, que se utilizan cuando alguien tiene problemas de autoestima. En ocasiones también puede ayudar una intervención psiquiátrica.

     

    Un ejemplo real del Centro de Apoyo de ICEERS…

    Hace un tiempo consultó al Centro de Apoyo de ICEERS un paciente que había tomado ayahuasca y había planteado como intención para su ceremonia «dejar su ego».

    Durante la ceremonia sintió que realmente había perdido su ego y se quedaba sin sentido de sí mismo. Y esto fue horrible, pues llevaba horas y días sintiéndose aterrado y pérdido, profundamente desconectado de sí mismo y de los demás, sin encontrar forma de orientarse, exhausto, extremadamente confuso y muy solo. Días después de la ceremonia, aún se sentía aterrado, y su habilidad para lidiar con las cosas cotidianas y trabajar se había visto seriamente perturbada. Sin sentido de sí mismo, no podía decidir o hacerse cargo. Sentía que había arruinado su vida, que no había vuelta atrás y que tal vez debía acudir a un hospital mental.

    Al iniciar sus sesiones de integración con el centro de apoyo de ICEERS, él pensaba que la planta y la ceremonia lo habían dañado y que lo que había vivido había sido un bad trip. Poco a poco fuimos trabajando y él se fue dando cuenta de que no necesitaba perder su ego, sino que necesitaba construir un ego sano y fuerte para lidiar consigo mismo y con la realidad. Entendió que el deseo de dejar el ego a un lado venía de un intento de evitar dolores muy profundos que habían sido difíciles de procesar. También pudo relacionar aspectos terroríficos de su experiencia en la ceremonia con su infancia y su familia, con sus vínculos primarios, y así obtener pistas claras para empezar a trabajar en sí mismo.

    A través de su trabajo de integración, él pudo entender que la ayahuasca amplifica cuestiones no resueltas que ya estaban ahí desde antes, y empezó a darse cuenta del potencial útil, de aprendizaje y conocimiento de sí mismo que tenía su vivencia. La experiencia de la planta pasó en sus propias palabras de ser un bad trip a ser una hard truth. Aunque fue difícil, también fue muy fértil. Así, él encontró sentido para su experiencia, incluidos el terror y la dificultad, y pudo empezar a trabajar conscientemente para construir un ego sano en vez de querer dejarlo a un lado.

     

    El equipo del Centro de Apoyo de ICEERS trabaja desde la creencia en que la integración de las experiencias con plantas psicoactivas en nuestras sociedades incluye la respuesta a las dificultades que puedan surgir. Lo ideal sería una respuesta accesible, culturalmente sensible y arraigada en la comunidad. Un proceso de integración eficaz puede significar la diferencia entre la claridad y la confusión, la seguridad y el riesgo, el equilibrio y el desequilibrio.

    A través de este servicio, las personas que han sufrido experiencias difíciles pueden acceder a un máximo de cinco sesiones con un profesional capacitado de forma gratuita o por donación. Puedes obtener más información sobre el programa aquí. Además, los interesados en obtener más información sobre la integración y la historia del Centro de Apoyo ICEERS pueden consultar el libro recientemente publicado por Marc Aixalà Integración psiquedélica: lógicas no ordinarias y retos de la psicoterapia en estados expandidos de consciencia.

     

    Foto de Mohamed Nohassi en Unsplash.

    Categories: Noticias
    Tags: entrevista , integración , alucinógenos , psicodélicos , psicoterapia